Quiero denunciar el acoso al que estoy siendo sometida desde hace un par de años y de manera continuada por parte de unos señores que actúan de muy mala fe y de los cuáles no sé cómo defenderme.
El origen del conflicto viene desde que estos señores se inventaron, sin fundamento alguno, que yo le había denunciado a la Junta de Extremadura un negocio de alquiler de alojamiento turístico que, al parecer, venían explotando de forma clandestina.
Aun habiendo quedado sobradamente demostrado que ni yo, que considero que con el pan de la gente no se juega, ni nadie les ha denunciado en ningún momento, sino que realmente fueron ellos mismos los que, al solicitar permiso a la Junta de Extremadura para legalizar su negocio, tuvieron la consecuente inspección de la Administración a tal fin y, al parecer, les denegaron los permisos por no cumplir con los requisitos exigidos, tal y como me aseguraron en la inspección de turismo, cuando les llamé para que me aclararan dicha acusación, inexplicablemente estos señores empezaron a acosarme y a amenazarme con que de alguna manera iban a conseguir que me echasen de mi tienda de regalos, cuyo local tengo en alquiler y es propiedad del Ayuntamiento de esta localidad.
A las amenazas de provocar que me echen de la tienda, se añaden otros hechos posteriores que, sospecho, quizás puedan tener relación alguna con el deseo de estos señores de perjudicarme, aunque no puedo demostrarlo, como:
- encontrarme dos ruedas de mi coche rajadas un día que estaba aparcado enfrente de la casa de estos señores
- encontrarme pegamento loctite y palillos en las cerraduras de mis dos negocios, tienda de recuerdos y pensión turística, ambos en la Plaza Mayor
- encontrar que me han robado el timbre de la entrada, la reja que embellecía la puerta y el cartón de precios que tengo expuesto en mi establecimiento hotelero
- los chavales de un colegio cercano que durante el recreo compran bocadillos en el establecimiento de embutidos de la Plaza, no sé si se hablarán con estos señores, pero han tomado como diversión, desde hace tiempo, meterse también conmigo sin yo conocerles de nada y el acoso es insoportable. Me insultan a voces cada vez que me ven e incluso me han escrito insultos a rayazos en el coche, se vienen al lado de la tienda a pegar balonazos a la pared y les he tenido que pedir muchas veces que me dejen en paz. En una ocasión llegaron a agredirme tras insultarme y me rompieron el teléfono móvil, por lo que tuve que defenderme. Han llegado a decirme también entre risas que a ver si me echan de la tienda, lo cual no es lógico que salga de ellos.
Además, estos señores se dedican a insultarme, calumniarme y a hacer acusaciones falsas sobre mí en foros de Internet como “Denunciatrujillo Cáceres” y en las redes sociales, como en el facebook del Sr. Alcalde de Trujillo y han venido varias personas a decirme que van contando a todo el mundo que yo les he denunciado su negocio, que mi pensión es una mierda, que no tengo niños porque quién me va a querer si soy una mochuela que no salgo nunca de casa, que pego a los niños y que los insulto, etc. Cuando me asomo al balcón de mi casa y coincide que el marido de esta señora está en la calle o sentado en la terraza del bar de abajo, se pone a decir a voces “cuidado que sale la bruja, que viene el coco” y después le oigo criticarme e insultarme “ la joía payasa, la imbécil esta, etc “ y lo único que pienso es por qué tengo yo que aguantar todo esto. Cuando me ve pasar, en vez de mirar para otro lado o darse la vuelta, se me queda mirando de arriba abajo fijamente con una sonrisa, hasta que paso, y yo, claro está, evito mirarle, entre otras cosas, porque no les he mirado nunca, ni jamás había reparado en ellos, hasta que han decidido amargarme la vida.
Para incordiarme más es habitual que me traigan a sus hijos a la puerta de mi tienda de regalos a jugar con el balón. A veces incluso se les ha metido el balón dentro de la tienda, dan balonazos continuos a la pared y cuando se les escapa, en ocasiones dan a los artículos que tengo expuestos en la puerta sin mostrar respeto alguno. Mientras, ya sea el padre o la madre, se ponen a vigilar desde cierta distancia a ver si salgo y se me ocurre decirles algo a sus hijos. A veces los críos me tiran cáscaras de pipas, desperdicios, el balón e incluso piedras por encima de la barandilla que hay sobre la tienda, para asustarme y se lo pasan bomba esperando a ver si salgo, para salir corriendo. Otras veces, me hacen burla y se ponen a bailar y a reírse de mí cuando paso a cierta distancia de ellos, intentando llamar mi atención y demostrando que no me tienen ningún respeto; pero no les hago ni caso, claro está, y jamás me arrimo a ellos, porque entiendo que son críos, y yo voy siempre a lo mío, de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa. Sin embargo, los balonazos en la pared de la tienda no puedo evitar que me molesten, ya que producen un ruido espantoso en el interior que no hay quien lo aguante y a veces incluso han salido los propios turistas a decirles a los chavales que no molesten. Generalmente el juego consiste en colocar el balón quieto en el suelo y coger carrerilla desde la fuente, para ver quién da el balonazo más fuerte sobre el muro exterior de la tienda.
Toda esta situación me sobrepasa, no la entiendo y me tiene agotada. Aún así, llevo mucho tiempo manteniéndome al margen y sin entrar al trapo a ver si se cansan, aunque mis llamadas a la Policía Local quejándome son continuas, sin embargo, no les he denunciado formalmente hasta ahora para evitar más problemas, porque me siento impotente y porque les temo. Aunque a partir de aquí ya veré, porque todo esto ha pasado ya de castaño oscuro. Estos señores son muy conflictivos conmigo, pero pretenden hacer creer a todo el mundo que la conflictiva soy yo. La Policía me ha sugerido muchas veces que lo denuncie porque si no, ellos no pueden hacer nada y están cansados de que les llame.
Pero uno de estos días de atrás no pude aguantar más y lamentablemente tuve que entrar al trapo. La madre había vuelto a mandar a sus hijos, a jugar solos con el balón, al lado de mi tienda, aunque sabe de sobra que los balonazos tan cerca molestan, pero le da igual. Al llevar los críos mucho rato ya dando balonazos en el muro exterior de la tienda y como tenía clientes fuera contemplando los artículos, me asomé a la puerta y les pedí por favor que jugaran más lejos. En un principio me hicieron caso y se alejaron sin problema. Se subieron encima del escenario que había instalado entonces para las fiestas y allí se quedaron un buen rato jugando tan tranquilos. Pero al cabo de una media hora, vino la madre y a voces les dijo que se bajaran de allí y que volvieran a jugar al lado de mi tienda. Los chavales le advirtieron a la madre que yo les había pedido que se alejaran y ella se puso a decir “sí hombre y una mierda, la plaza es de todos, que se vaya ella. Venid aquí”. Estuve aguantando otro rato los balonazos por no discutir hasta que oí que le daban a un cacharro con el balón, como otras veces, aunque no supe a cuál. Entonces salí muy cansada y le dije a la madre que ya estaba bien, que me dejara en paz y que se alejara de mí, que me estaba buscando y que me iba a encontrar, pero como suele hacer, en vez de pedir disculpas, la madre se puso soberbia, diciendo que la que se tenía que ir de allí era yo, que sus hijos jugaban allí porque a ella le daba la gana y que yo no tenía porqué tener los cacharros en la puerta. Entonces me metí en la tienda y esperé a ver si por sentido común se iban de allí, aunque lejos de parar, los balonazos contra la pared siguieron y entonces, desde el teléfono fijo, dentro de la tienda, llamé a la Policía Local, (hago hincapié, porque ella cuenta otra cosa y tengo la factura que demuestra que fui yo la que tuve que llamar a la policía), pero me dijeron que tardarían un poco en llegar porque estaban muy ocupados con las fiestas. Ya muy nerviosa con el ruido, no tuve otra opción que salir ante la provocación. Como esta señora estaba arriba en la barandilla y yo en la puerta de mi tienda y no quise acercarme a ella en ningún momento, es verdad que alcé la voz para que me oyera, pero no es cierto, como ella se inventa, que me dirigiera en ningún momento a los chavales, que no tienen ninguna culpa. En todo momento yo me dirigí a la madre que es quien quería que me escuchara y es verdad que desde la indignación le dije que me estaba volviendo loca y que no tenía vergüenza, que a sus hijos los tenía que aguantar ella que para eso eran suyos y no traérmelos a mí todos los días para que los aguante yo, que para algo me he quedado soltera, mira tú por dónde, y que si no, que se pusiera preservativo o abortara o lo que le diera la real gana, pero vamos, que a mí me dejara en paz, que yo no iba nunca a su puerta a molestarla a ella. Entonces, con una sonrisa de oreja a oreja me dijo “estás loca, te vas a enterar, vete de aquí” y se vino para abajo con sus hijos. Yo me metí en mi tienda porque estaba hasta las narices y entonces vi que por fin llegó la pareja de la Policía local y salí a la puerta. Uno de ellos se acercó a mí y trató de tranquilizarme en la tienda porque en ese momento estaba muy nerviosa y solamente le dije que no podía aguantar más, que estaba hasta las narices, que no me dejaban en paz y cosas así. Me dijo un poco enfadado que estaban muy ocupados con las fiestas y que no podían estar siempre con lo mismo y como no me tranquilizaba me gritó bruscamente que me calmara y entonces reaccioné y me vine totalmente abajo. Después me preguntó “¿estás calmada de verdad, me puedo ir ya?”. Le dije simplemente que sí y me quedé muy contrariada. Se fue y ya no hablamos nada más, pero estuvieron hablando un buen rato con ella y después con el marido que llegó al final y sabe Dios lo que les contarían. Conociéndoles me temí lo peor. Después me acordé del cacharro y comprobé cuál me habían roto, aunque eso ya es lo de menos.
Sé que mi tono de voz es fuerte y generalmente suelo hablar alto sin darme cuenta, debido a una mala costumbre, sobre todo si estoy muy nerviosa y eso me pierde, como le pasa a mucha gente y más si le estás hablando a alguien de lejos y enfadada. Además la Plaza Mayor de Trujillo tiene una acústica que hace que se oiga todo muchísimo, aunque considero que una cosa es hablar alto y otra muy distinta es gritar y también muy distinto es una persona nerviosa, a una mala persona. Desde luego mi intención no fue molestar, ni provocar altercado, ni insultar a nadie, sino defenderme ante lo que considero un ataque continuado.
Lamento mucho que esta señora consiguiera hacerme caer en la trampa de su provocación. Es lógico que a mí se me oyera más, porque ella fue más fría y calculadora. A pesar de todo, lo que le dije no duró apenas unos segundos y fue todo muy rápido. Pero como era de esperar, ahora esta señora ha tergiversado los hechos y me acusa con muy mala fe, de una serie de improperios que distan mucho de la realidad y que más bien parecen sacados de una imaginación retorcida, que de la realidad de lo sucedido y ha puesto en mi boca cosas que le habrán dicho otras personas con las que haya discutido y no yo, que si tengo que decir algo lo digo alto y claro, pero jamás insulto. Que como los buenos perros, yo ladro, pero no muerdo. Además, no se me habría ocurrido jamás pasarme con ella, porque tengo muy claro que, lo que andan buscado desde hace tiempo, es darme problemas, aunque no entiendo por qué, pero yo huyo de ellos. Sólo quiero estar tranquila y si de verdad hubiera ocurrido lo que ahora ella se inventa, no tendría lugar donde esconderme, pues menudo es el marido, que estaba muy cerca y está siempre al tanto de todo y de todos, aunque no sea de su incumbencia y si hubiera oído algún improperio en ese momento hubiera acudido enseguida, sin embargo él llegó mucho después, cuando la Policía Local ya se iba.
En cualquier caso, llevo mucho tiempo quejándome de lo mismo, es decir, de los balonazos de estos y de otros chavales, bien junto a mi tienda por el día, o bien a altas horas de la madrugada, cuando la Plaza Mayor se convierte en un gran campo de fútbol mientras los padres, incluidos estos señores, se toman las copas a gusto en los bares, hasta las dos o las tres de la madrugada y no hay quien descanse. A veces incluso se lían a patadas con los cubos de basura que sacan los restaurantes por la noche cuando recogen las mesas, ante la pasividad de los padres, aunque cuando aviso a la Policía siempre me dicen lo mismo, que son chavales y no les pueden decir nada porque no tienen orden del ayuntamiento para ello y que soy la única que me quejo, por eso a veces yo misma, impotente, soy la que tengo que pedirles que no molesten y aún así, se lo pido por favor y siempre de lejos, jamás se me ocurre acercarme a ellos y juro por lo más sagrado que, se lo podré decir estando más o menos harta, pero en mi vida he insultado ni agredido a ningún niño como quieren hacer ver estos dos señores, ya sabemos con qué interés, porque precisamente, lo que voy buscando es tranquilidad, aunque no me dejen, y no tengo tiempo, ni ganas de complicaciones.
Soy consciente de que mis quejas por el ruido de los balones me está trayendo más problemas que soluciones y también antipatías de algún que otro padre y que incluso la Policía está harta de este asunto. Pero yo no sé qué hacer, porque las cosas tienen un límite y todo en esta vida se puede aguantar un tiempo… o dos, pero es que esto ya lleva sucediendo desde que hace años prohibieron aparcar coches en la Plaza Mayor y se permitió jugar al balón, porque antes, en mis tiempos, la Policía nos reñía si lo hacíamos y no pasaba nada, jugábamos a cualquier otra cosa. Pero claro, actualmente la cosa no funciona así. Si yo me quejo, la Policía me dice que no puede hacer nada y a algunos padres que les molestan mis quejas la Policía se ve que les dice lo mismo y así podemos estar toda la vida. Sinceramente, creo que el problema no son los niños, sino algunos padres que han convertido esto en un “quítate tú para ponerme yo”, y a sus hijos en seres sagrados con derecho a todo. Y a los demás que nos den. Yo lo entiendo hasta cierto punto, porque creo que en esta vida se puede hacer de todo, procurando molestar lo menos posible, guardando las distancias, respetando el horario nocturno y respetando el trabajo y el descanso del resto de los mortales, cosa difícil hoy en día por la actitud de algunos padres. Es cierto que estos enfrentamientos hay que evitarlos, pero cómo lo evitas si estás trabajando y no te dejan o si intentas dormir en tu casa de madrugada y no hay manera. Porque en verano esto es todos los días.
Y no es cierto que sea yo sola la que me quejo. Los balonazos ya han roto cristales en otros locales, lámparas de los soportales, el balón va de un lado a otro de la plaza por encima de las cabezas de los turistas, se mete entre las mesas de las terrazas y más de un turista se ha llevado un balonazo. El otro día, a una señora que hacía fotos con el móvil, le dieron un balonazo en la cara y le tiraron el móvil al suelo. Muchos turistas elijen la opción de cenar o dormir en establecimientos fuera de la Plaza, por el barullo y el ruido que se forma a cuenta del balón y de verdad, que cuesta trabajar o descansar en un entorno, que de ser bello y agradable pasa a ser insoportable. De hecho yo vivo todo el día con tapones pegados a los oídos, que hasta ahora es la única solución que he encontrado, pero no es suficiente. Se necesitaría un poco de concienciación.
Tampoco creo cierto que la Policía no pueda llamar la atención a los críos cuando molestan con el balón, ya que existe la Ley 37/2003, de 17 de noviembre, del ruido y, además, la ordenanza municipal de Trujillo para la protección del medio ambiente, contra la emisión de ruidos y vibraciones, publicado en el Boletín Oficial de Cáceres nº 10, el 17 de enero de 2005, pero que nadie hace caso y así nos va. Se trata simplemente de respetar un horario y guardar las distancias y no de estar todo el día quejándonos. Yo cómo voy a denunciar a nadie; solamente llamo la atención de la Policía a ver si actúa y mantiene un orden o a los padres a ver si se conciencian, pero se ve que consigo todo lo contrario. La policía sólo aparece o actúa cuando ya está la trifulca montada, pero qué van a hacer, si tienen orden del Ayuntamiento de no hacer nada, precisamente.
El intenso y molesto ruido ambiental que de forma persistente y continuada en el tiempo, genera la actividad de jugar al balón en la Plaza Mayor, incluso hasta altas horas de la madrugada y en ocasiones contra las paredes de los que vivimos o trabajamos justo al otro lado de ellas, puede afectar y poner en peligro la salud de las personas, bienes materiales o la propia calidad ambiental, pudiendo dar lugar a daño físico, psíquico, moral o material resarcible. Y no lo digo yo, sino las normativas internacionales y constitucionales y las normas de Derecho Civil sobre ruido ambiental.
Según los especialistas, las consecuencias que la exposición prolongada a un nivel elevado de ruidos tienen sobre la salud de las personas, pueden llegar a producir trastornos del sueño, nervios, estrés, ansiedad, hipertensión, migrañas, problemas cardiovasculares, etc, así como cambios en su conducta social en cuanto a reducción de los comportamientos solidarios, incremento de las tendencias agresivas, etc.
El ruido ambiental puede afectar a los derechos fundamentales consagrados en la Constitución Española en los artículos :
-10 ( libre desarrollo de la personalidad )
-15 ( integridad física y moral )
-18 ( intimidad personal y familiar, inviolabilidad domiciliaria )
-19 ( libertad de elección de residencia ) y
-33 ( propiedad privada )
Dentro de los principios rectores de la política social y económica, el artículo 45 establece que todos tenemos derecho a un medio ambiente adecuado y el deber de conservarlo; prevé, además las sanciones administrativas, la posibilidad de establecer sanciones penales y recoge la obligación de reparar el daño causado. El artículo 43 trata del derecho a la salud que, como hemos visto, puede verse seriamente afectada por el ruido. Finalmente, la contaminación acústica puede incidir, desde luego, en el derecho a una vivienda digna y adecuada, consagrado en el artículo 47.
Ya en sentencia de 17 de febrero de 1984, el Tribunal Constitucional señalaba, en cuanto al derecho fundamental de la inviolabilidad del domicilio, como objeto específico de protección, tanto el espacio físico, como el ambiental, y que una exposición prolongada a determinados niveles de ruido, que puedan objetivamente calificarse como evitables e insoportables, ha de merecer la protección dispensada al derecho fundamental a la intimidad personal y familiar, en el ámbito domiciliario, en la medida en que impidan o dificulten gravemente el libre desarrollo de la personalidad.
Teniendo en cuenta lo anterior, es evidente que existe un derecho fundamental del ciudadano, encuadrado en el derecho a la inviolabilidad del domicilio, a ser protegido de una emisión acústica excesiva o innecesaria.
También puede tenerse en cuenta la sentencia nº 1.131/2006, de 17 de noviembre, a propósito de ruidos y vibraciones, que pone de manifiesto que, aunque la actividad en este caso de jugar al balón en la Plaza Mayor, tuviera autorización administrativa, “autorizar una actividad no equivale necesariamente a imponer a los vecinos el deber jurídico de soportar todo perjuicio, por grave que sea, que tal actividad produzca”. Y para terminar, la sentencia nº 431/2003, de 29 de abril, que consagra “EL DERECHO A SER DEJADO EN PAZ”.
Espero sinceramente que en adelante las cosas vayan mejor y pido disculpas si en algún momento mi actitud a la defensiva, que no agresiva, como pretenden algunos, ha ofendido o molestado a alguien. Repito que mi intención, es sólo encontrar la tranquilidad, si es posible y no buscar conflicto.
Susana Redondo Cancho


